Mostrando entradas con la etiqueta Braga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Braga. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de agosto de 2012

BRAGA



Nos fuimos de Guimarães para Braga, pero como la hora apretaba y los estómagos reclamaban, iniciamos la visita por el Sameiro, para degustar, allí mismo, un buen bacalao con natas, especialidad de la casa.



Ya con energías renovadas, empezamos por admirar aquella bella explanada con las vistas de Braga, y el Santuario del Sameiro.


Bajamos al Buen Jesús, que maravilla de paisajes y que jardines tan bien cuidados. Unos optaron por bajar andando, otros en el funicular y el resto en el autobús. La ciudad de Braga nos esperaba. 








Como un ciudadano del Renacimiento, entramos en Braga por el Arco de la Puerta Nueva, donde se hacía la entrega de las llaves de la ciudad.
Esta llave simbólica nos ha abierto las puertas de una ciudad milenaria, que guarda en sus monumentos el brillo del poder que ostentaban sus obispos.



Todavía en tiempos romanos el emperador Caracala elevó Bracara Augusta a capital de la provincia de Galécia, hoy Galicia.


Al dominio de Roma le sucedió la ocupación por Suevos, Visigodos y Musulmanes, hasta su reconquista para la cristiandad en el siglo XI. 
Su Catedral, la más antigua del país, fue la mayor referencia religiosa de Portugal. El dicho popular "eres más viejo que la Catedral de Braga" se refiere a algo con muchos años y es ilustrativo de su antigüedad. Su poder eclesiástico, tantas veces asociado en tiempos medievales al poder de la espada, se extendió por los reinos de España y Portugal. Bajo la influencia de la Catedral, Braga se fue enriqueciendo con monumentos.



En el siglo XVI el arzobispo D. Diogo de Sousa, deslumbrado con la Roma del Papa Julio II, le dio el brillo y la gracia decorativa del Renacimiento.


Más tarde, la exuberancia del arte barroco se añadiría a otros edificios de gran magnificencia. De todas estas épocas, la ciudad guarda recuerdos inesperados, grandes y pequeños, como una torre medieval en plena calle, ventanas y celosías que encubrían rostros de mujeres o un palacio "rocaille" que recuerda a una cómoda estilo Luis XV.


Ya en tiempos más recientes, la fundación de la Universidad y la calidad de su arquitectura contemporánea dieron un impulso de juventud que la llenó de luz, color y de una imprevista modernidad.


Esta es la bella imagen que nos ha quedado de esta gran y bella ciudad "Minhota"