Nos fuimos de Guimarães para Braga, pero como la hora apretaba y los estómagos reclamaban, iniciamos la visita por el Sameiro, para degustar, allí mismo, un buen bacalao con natas, especialidad de la casa.
Ya con energías renovadas, empezamos por admirar aquella bella explanada con las vistas de Braga, y el Santuario del Sameiro.
Bajamos al Buen Jesús, que maravilla de paisajes y que jardines tan bien cuidados. Unos optaron por bajar andando, otros en el funicular y el resto en el autobús. La ciudad de Braga nos esperaba.

Como un
ciudadano del Renacimiento, entramos en Braga por el Arco de la Puerta Nueva, donde
se hacía la entrega de las llaves de la ciudad.
Esta
llave simbólica nos ha abierto las puertas de una ciudad milenaria, que guarda en sus
monumentos el brillo del poder que ostentaban sus obispos.
Todavía
en tiempos romanos el emperador Caracala elevó Bracara Augusta a capital de la
provincia de Galécia, hoy Galicia.
Al
dominio de Roma le sucedió la ocupación por Suevos, Visigodos y Musulmanes,
hasta su reconquista para la cristiandad en el siglo XI.
Su Catedral, la más
antigua del país, fue la mayor referencia religiosa de Portugal. El dicho
popular "eres más viejo que la Catedral de Braga" se refiere a algo con
muchos años y es ilustrativo de su antigüedad. Su poder eclesiástico, tantas
veces asociado en tiempos medievales al poder de la espada, se extendió por los
reinos de España y Portugal. Bajo la influencia de la Catedral, Braga se fue
enriqueciendo con monumentos.
En el
siglo XVI el arzobispo D. Diogo de Sousa, deslumbrado con la Roma del Papa
Julio II, le dio el brillo y la gracia decorativa del Renacimiento.
Más
tarde, la exuberancia del arte barroco se añadiría a otros edificios de gran
magnificencia. De todas estas épocas, la ciudad guarda recuerdos inesperados, grandes
y pequeños, como una torre medieval en plena calle, ventanas y celosías que
encubrían rostros de mujeres o un palacio "rocaille" que recuerda a
una cómoda estilo Luis XV.
Ya en
tiempos más recientes, la fundación de la Universidad y la calidad de su
arquitectura contemporánea dieron un impulso de juventud que la llenó de luz,
color y de una imprevista modernidad.
Esta es la bella imagen que nos ha quedado de esta gran y bella ciudad "Minhota"
































