El origen de Olivenza marca su inicio en la reconquista definitiva de Badajoz por el rey Alfonso IX en 1230. Recompensó a los Templarios por los servicios prestados con los enclaves de Burguillos y Alconchel, y estos extendieron su zona de influencia hasta lo que era en ese momento Olivenza, poco más que un conjunto de chozas, huertos y casas surgidas alrededor de un generoso manantial, la actual Fuente de La Corna. Los Templarios dejaron su legado arquitectónico con la construcción de un Castillo y un Templo a Santa María, y organizando la explotación del término, y poco después paso a manos del Concejo y Obispado de Badajoz.
El mal momento político del reino castellano y las ofensivas musulmanas permitieron al Rey portugués D. Dinis recuperar e intercambiar varias villas y plazas de una manera muy beneficiosa, entre ellas, nuestra ciudad. La Olivenza portuguesa fue acrecentando con el tiempo sus defensas, tanto en épocas de paz como de guerra, en un esfuerzo por mantener a salvo tan estratégico lugar, y nos dejaron como herencia la torre del homenaje, la más alta de la frontera, multitud de torreones, fragmentos de murallas, de un foso inundable, o de el Puente de Ajuda.
Si la historia de la Olivenza portuguesa se confunde en gran medida con la crónica de sus fortificaciones sucesivas, la historia de la Olivenza española (desde 1801 hasta hoy) resulta a su vez inseparable de la crónica de una reivindicación. Y es que las fronteras del Portugal continental experimentaron una sola variación desde el Tratado de Alcañices a finales del S. XIII: la pérdida de Olivenza en 1801.
Em Olivença colhi esta rosa para ti, com cor e cheirinho bem portugués.








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