jueves, 14 de febrero de 2008

PEDRO E INÊS

Quiero aprovechar el día de hoy, para rendir un homenaje especial a estos ENAMORADOS, con los que tengo una deuda personal, contraída en una visita al Mausoleo de los Amantes de Teruel.

Desde hace mucho tiempo que no íbamos a Teruel, y que no visitábamos el Mausoleo de los Amantes. La obra es magnífica, lo que realza la escultura de Juan de Ávalos. Pero, en el apartado de los amantes, con fin trágico de la historia, cometen una gran omisión, no mencionan a Pedro e Inés. A la salida hice referencia a ello, junto de la persona que en aquel momento poseía mayor entidad en la Fundación. Desconozco si tomaron medidas, pero aquí queda mi testimonio. Aparte de los amantes de Teruel figuraban entre muchos, lo que más me molestó, Romeo y Julieta; Otelo y Desdemón; Pigmaleón y Galatea; Marco Antonio y Cleopatra... por mencionar algunos.



La historia de amor de estos personajes es impactante. Es la historia de amor de Pedro de Portugal e Inés de Castro.
Inicialmente existió un compromiso de boda con la infanta Doña Blanca, contraído por su padre Alfonso IV, con Sancho IV de Castilla, abuelo de la infanta, matrimonio que se consumó, pero que se disolvió posteriormente.



Surge un nuevo compromiso en este caso con Constanza Manoel, hija de Don Juan Manoel. En agosto de 1340 se pudo concretar el matrimonio, ciertas hostilidades entre los dos reinos atrasaron la ceremonia, y la infanta Doña Constanza viaja para Portugal. Una de sus damas de compañía era Inés de Castro.
A Don Pedro, sin embargo, no le agradó mucho este enlace, deseaba ser escuchado, y no le fue permitido expresar su opinión.
Esta circunstancia hizo con que el príncipe se alejara de la esposa, y encontrara distracción en la caza.
Con el tiempo se fue fijando en una de las damas de compañía de la princesa, concretamente Inés de Castro, de la que acabó por enamorarse. Dicen los cronistas que era bella como los amores y rubia como el sol, muy elegante, factores que aturdieron a Don Pedro de tal forma que jamás la dejó...



El escándalo tomó tales proporciones, que Doña Constanza decidió invitar a Inés a que fuera la madrina de su segundo hijo, esta circunstancia en aquellos tiempos impediría la unión que se atisbaba, y ella aceptó.
El carácter extremadamente apasionado y arrebatador de Don Pedro imposibilitó que tal decisión diera su fruto: el amor entre Pedro e Inés crecía apasionadamente.
Intervino Don Alfonso IV, y forzó a la amante de su hijo a abandonar el País. Inés se refugió en el castillo de Albuquerque, muy cerca de la frontera con Portugal. El contacto entre los amantes se mantenía a través de correspondencia y de personas de su confianza.



En 1345 todo cambió, la princesa doña Constanza muere de parto al dar a luz a su tercer hijo, Fernando, que fue el heredero al trono de Portugal. El príncipe, que a pesar de todo sentía un gran cariño por ella, lamentó profundamente la pérdida.
Tras un periodo de luto, hace regresar Doña Inés a Portugal con la intención de casarse: era su verdadero amor. Inicialmente estuvo en una casa en Canidelo, Gaia, cerca de Porto, y más tarde en Coimbra muy cerca del Convento de Santa Clara.
Fueron tiempos maravillosos, a pesar de los rumores del pueblo, que no vía con buenos ojos a la española, y de la oposición de su padre el rey de Portugal, que no aceptaba que algún día pudiera ser reina la que fuera la amante de su hijo. El clero y la nobleza temerosos de la influencia de los Castro en el rey, le hacen ver que la única solución es acabar con la vida de Inés.
Los cronistas presentan al rey dividido entre la razón de Estado y el sentimiento familiar.



Pedro e Inés ya tenían cuatro hijos cuando, según testimonio de un criado, se casan en Bragança, era el uno de enero del año 1354.
A 7 de enero de 1355, es justiciada Doña Inés de Castro, el el Paço da Rainha en Coimbra. Se dice que fue junto a la Fuente de las Lágrimas donde la tragedia sucedió.
Al conocer el bárbaro acontecimiento, la reacción de Don Pedro fue violenta. Armó un ejercito con sus fieles y se enfrentó a su padre. La intervención de su madre Doña Beatriz, y el Prior de Catro, consiguieron convencer a Pedro a firmar la paz con su padre. Fue una paz algo falsa, pues el resentimiento de Pedro no se podía borrar del fondo de su corazón. Pedro volvió a las cacerías pero no era feliz. Si el hijo perdonó al padre el haber permitido degollar a Inés, el amante nunca se lo perdonó.




Entretanto, en 1357, nace un hijo bastardo con Teresa Lourenço, Juan, que vendría a ser João I de Portugal; Padre de Enrique el Navegante y de Don Duarte. Ese mismo año muere Don Alfonso IV.
Don Pedro al subir al trono lo primero que ordenó fue la búsqueda de los asesinos de Doña Inés. Sabia que estaban refugiados en Castilla por lo que pactó con su primo Pedro el Cruel la búsqueda de Pedro Coelho, Álvaro Gonçalves y Lopes Pacheco. Este último consiguió escapar de Aragón para Francia, los otros dos fueron entregados al rey en Santarém.
Deseoso de venganza mandó arrancar el corazón por el pecho a Pedro Coelho y por la espalda a Álvaro Gonçálves, ellos que eran hidalgos de alta estirpe. Después, no contento con todo esto, pedió que se os llevaran y los mordió.



Con la mayor de las solemnidades declara en Coimbra que había casado en secreto con Doña Inés en Bragança.
Mientras tanto, mandó construir una bella tumba destinada a recoger los restos mortales de aquella que, según afirmaba, fuera su esposa, y quería dignificarla después de muerta. El Papa Inocencio VI, a solicitud de Pedro, rehusa reconocerle el matrimonio con Inés, como la legitimidad de los hijos de ambos.
Lo siguiente que hizo fue organizar un acto en honor de la que él consideraba como la verdadera reina. Mandó que desenterrasen su cuerpo y ordenó su traslado de Coimbra para Alcobaça. Tras cubrir su cadáver con los atributos reales y los vestidos más lujosos, la dispuso en el trono creado para tal fin, colocando sobre su cráneo la corona real, y obligó a todos los nobles a besar su descarnada mano. En medio del silencio más absoluto, se cumplió el increíble ritual ante la reina muerta. Se hizo justicia, lamentablemente después de muerta, pero con los homenajes debidos. Quedó para la historia como PEDRO EL JUSTICIERO.






Don Pedro, después de así honrar a su amada, se dedicó con ahínco a los asuntos de Estado. Se volvió extremamente riguroso impartiendo justicia. Cuando fue informado de que el Obispo de Porto dormía con la esposa de un buen ciudadano de la cuidad, lo mando venir a la Corte, y, en sus aposentos, le hizo desnudarse, y le azotó.
El pueblo siempre lo amó y cuando algunas noches, el insomnio lo perseguía, se levantaba, llamaba a los trompeteros, mandaba encender las antorchas y salía a la calle bailando, a lo que se unía el pueblo. Y es que él no les daba sólo justicia y fiesta, les daba el pan de cada día.
A finales de 1366 firmó tratados de paz con Castilla y Aragón, y murió, en paz, en enero de 1367.



En el testamento, hecho en la víspera de su muerte, pidió que su cadáver fuese conducido a Alcobaça y allí colocado en la tumba situada en frente a la de su amada, para que en el Día del Juicio Final, cuando los cuerpos recuperasen la vida, lo primero que sus ojos vieran, al levantarse, fuera el rostro de su amada.




Según cuenta el cronista Fernão Lopes, todos sintieron mucho su muerte diciendo que "Portugal nunca tuvo diez años como estos".

4 comentarios:

Juani lopes dijo...

POrque siempre los grandes amores estan envueltos en tragedia.
Si la gente amase siempre tanto
el mundo seria mucho mejor. A pesar
de todo una bella historia

pepa dijo...

Cuando estuvimos en Alcobaça, y me contaste la historia de los amores de Pedro e Inés, me causó un gran impacto.
Todo es bello alrededor de este Monumento, y el silencio nos ayuda a interpretar la situación, retrocediendo mentalmente en el tiempo..

alex dijo...

se regressarem a Portugal, vão também a Coimbra, à Quinta da Lágrimas. conta a história que foi esse o palco dos amores de pedro e inês.

mariam dijo...

por falta de tempo, só aos poucos vou descobrindo este seu sítio... e estou a gostar(muito) ...
passei para lhe deixar um pedacinho da Lua lá do meu...
um bom fim-de-semana
e um sorriso :)