domingo, 15 de noviembre de 2020

OLITE


Olite fue una ciudad romana construida en el siglo I d.C., cuya principal función fue proteger la calzada que comunicaba Caesaraugusta (Zaragoza) con Pompaelo (Pamplona).  


El fuerte carácter militar de la ciudad queda reflejado en sus murallas, que constituyen el recinto fortificado romano mejor conservado de Navarra. En la Edad Media la población creció y hubo que ampliar las murallas. Se distinguen fácilmente, ya que la romana la forman grandes bloques de piedra con su característico almohadillado y en las medievales la piedra es más pequeña. 












El castillo de Olite es un impresionante conjunto monumental mandado construir por el rey de Navarra Carlos III el Noble. La corte de Olite poco tuvo que envidiar al resto de cortes europeas durante la Edad Media. El majestuoso castillo tenía terrazas ajardinadas, surtidores y hasta un zoológico en el que había leones, camellos, búfalos africanos y una jirafa. En la parte más sombría del palacio está la “nevera”, una especie de huevo donde se almacenaba la nieve para hacer helados durante los calores del verano. Nada tenía que faltar para el disfrute de los reyes navarros.













El palacio es un complejo e irregular conjunto de torres, estancias, jardines, galerías y patios que sobresalen majestuosos sobre el caserío de Olite. Su esplendor fue tal que se decía que en él había “tantas habitaciones como días tenía el año”.










Comenzada en el siglo XIII está adosada al castillo y en ella se celebraron bautizos, bodas y exequias reales. Destaca la fachada, obra cumbre de la escultura gótica navarra, de gran riqueza decorativa y elegantes proporciones.










   

Destaca la alta torre gótica (s. XIV) de 54 metros de altura acabada en una airosa flecha de disposición octogonal y perfil curvo. La portada es románica del siglo XII, siendo el cuerpo inferior de la torre y el claustro del siglo XIII.



sábado, 31 de octubre de 2020

VALENÇA DO MINHO


 Para descubrir uno de los auténticos sabores de la región del Minho tenemos que acercarnos a Valença do Minho, allí junto a la frontera con España.


Es una ciudad con fortaleza situada estratégicamente en el alto del río Minho, junto a la frontera con España, constituyendo una de las tierras más verdes y fértiles de esta región del Norte de Portugal.






Hay montado un gran negocio para adquirir mantelerías, juegos de camas, toallas, cafés y vinos de la región. También restaurantes e cafeterías. Después del cierre de los comercios reina un apacible aire de tranquilidad, siendo entonces el momento idóneo pasear por sus calles adoquinadas y descubrir sus monumentos.




Funcionó como primera línea de defensa contra los ataques del país vecino. Buena prueba de ello son las dos plazas fuertes, repletas de baluartes de defensa, atalayas y gigantescas puertas, unidas por un puente que salva el ancho foso, que conforman el casco antiguo. 



El núcleo urbano situado en el interior del recinto amurallado resulta fascinante. Así como los alrededores del mismo. 

En la parte norte de la fortaleza se conserva un baluarte original de la época de Afonso III y alberga algunos lugares interesantes, tales como la Casa da Eria, con una hermosa ventana manuelina; y una capilla muy bonita.