miércoles, 15 de octubre de 2025

ARGELITA

 

Argelita pertenece a la comarca castellonense del Alto Mijares, junto al río Mijares, en la zona de influencia del parque natural de la Sierra de Espadán. El núcleo urbano se encuentra en un valle formado por el río Villahermosa, quedando, así, rodeado de altas montañas.


Las buenas condiciones orográficas y climáticas fomentan la existencia de grandes extensiones boscosas, donde predominan pinos y encinas 

La principal actividad económica de la población es la agricultura. Las huertas y los cultivos de regadío como los cítricos, los cuales siguen en explotación en las zonas más próximas al río.

En el siglo XIII, Argelita era una torre perteneciente a Fernando, hijo de Zeit Abu Zeyt, destronado rey de Valencia, quien, al verse acorralado, se retiró, finalmente, al palacio de esta población, donde se convirtió al cristianismo. 

Después de la conquista quedó habitada por moriscos, pasando a pertenecer a la Corona en 1491 y, tras la expulsión de estos el 5 de octubre de 1609, quedó deshabitada. En 1611, el Señor de Argelita, Don Pedro Escribá y Zapata, otorgó la Carta Puebla por lo que la Baronía de Argelita perteneció al Marqués de Monistrol, dentro del gobierno de Morella.







Las calles de Argelita conservan el aspecto urbano de las antiguas calles musulmanas (calles estrechas, concéntricas, paredes encaladas, etc.). 




Por tanto, Argelita es una antigua alquería musulmana documentada por las fuentes ya en 1162 y la actual Argelita, se superpone a esta antigua alquería.









En Argelita se encuentra lo que queda del antiguo palacio del rey musulmán Zeyt Abu Zeit, junto al que se ha construido la iglesia parroquial. De este monumental palacio tan solo quedan dos torres, una de planta cuadrada y otra de planta redondeada. ¡En esta última aún se lee una inscripción del año 1252! Además, puedes ver la colección museística que albergan ambas construcciones.






La iglesia parroquial adyacente, dedicada a Santa Ana, es del siglo XVII y de estilo barroco churrigueresco.




Aquí queda mi agradecimiento a la guía turística de la población que, muy gentilmente, nos acompañó por la población y en la subida a la torre redonda, lo mucho tuvo que ver con lo bien que lo hemos pasado en Argelita. GRACIAS.


martes, 30 de septiembre de 2025

LOS AMANTES DE TERUEL


En esta visita al Mausoleo de los Amantes de Teruel te acercas a la historia de Isabel de Segura y Diego de Marcilla, dos jóvenes turolenses que en el siglo XIII vivieron una historia tan bella y trágica que no ha caído en el olvido a pesar del paso de los siglos. 

Al visitar el Mausoleo de los Amantes podemos ver cuatro partes diferenciadas:

  • El Amor en tiempos difíciles. Se explican las particularidades culturales, sociales y políticas que acontecieron en el Teruel de principios del siglo XIII.
  • La Historia de los Amantes. Nos cuenta la historia de amor entre Juan Martínez de Marcilla e Isabel de Segura.
  • Los Amantes, fuente de inspiración. Demuestra y explicar la influencia de los Amantes en el mundo de las artes (literatura, teatro, música, pintura, escultura…) a lo largo de la historia.
  • El Reposo de los Amantes. Hallazgo de las momias y el emplazamiento a lo largo de los años.  





La escultura es obra del gran escultor Juan de Ávalos.

En Teruel un joven llamado Juan Martínez de Marcilla, se enamoró de Isabel Segura, hija de Pedro Segura. El padre no tenía otra hija y era muy rico. Los jóvenes se amaban mucho, hasta el punto que se hablaron. El joven le dijo que la deseaba tomar por esposa, ella respondió que el deseo de ella era el mismo, pero que supiese que nunca lo haría sin que su padre y madre se lo mandasen. Entonces, él la quiso más. Él era un buen joven, pero no tenía riquezas.

El joven dijo a la doncella que, como su padre tan sólo le despreciaba por la falta de dinero, que si ella lo quería esperar cinco años él iría a trabajar por mar y por tierra, donde poder ganar dinero. Ella se lo prometió.

Peleando contra los moros, por mar y por tierra, ganó, pasados cinco años, cien mil sueldos. 

La doncella en este tiempo fue muy importunada por el padre para que tomase marido. Su respuesta era que había votado virginidad hasta que tuviese veinte años, diciendo que las mujeres no debían casar hasta que pudiesen y supiesen regir su casa. El padre como la amaba la quiso complacer.

Pasados los cinco años el padre le dijo: Hija, mi deseo es que tomes compañía. Ella, viendo que el plazo de los cinco años había pasado y no sabía nada del enamorado, dijo que lo haría. En seguida el padre la desposó y al poco tiempo se realizaron las bodas; pero el otro llegó.

El enamorado se puso tras el lecho de su amada ya desposada y le dijo: bésame que me muero y ella repuso: No quiera Dios que yo falte a mi marido. Por la pasión de Jesucristo os suplico que busquéis a otra, que de mí no hagáis cuenta, pues si a Dios no ha complacido, tampoco me complace a mí. Él dijo otra vez: bésame que me muero; repuso ella: No quiero.

Entonces el cayó muerto. Ella, que lo veía como si fuera de día por la gran luz de la habitación, se puso a temblar y despertó al marido diciendo que roncaba tanto que le hacía sentir miedo, que le contase alguna cosa. Y él contó una burla. Ella dijo que quería contar otra. Y le contó lo ocurrido y de cómo con un suspiro Juan había muerto.

Dijo el marido: ¡Oh! Malvada, y ¿Por qué no lo has besado? Repuso ella: por no faltar a mi marido. Ciertamente, dijo él, eres digna de alabanzas.

El, todo alterado, se levantó y no sabía qué hacer. Decía: Si las gentes saben que aquí ha muerto, dirán que yo lo he matado y seré puesto en gran apuro.

 

Acordaron esforzarse y lo llevaron a casa de su padre. Lo hicieron con gran afán y no fueron oídos por nadie…

A la joven le vino al pensamiento cuánto la quería Juan y de cuánto había hecho por ella, y que por no quererlo besar había muerto. Acordó ir a besarlo antes que lo enterrasen; se fue a la iglesia del señor san Pedro, que allí lo tenían. Las mujeres honradas se levantaron por ella. Ella no se preocupó de otra cosa más que de ir hacia el muerto. Le descubrió la cara apartando la mortaja, le besó tan fuerte que allí murió. Las gentes que veían que ella, que no era parienta, estaba así sobre el muerto, fueron para decirle que se quitase de allí, pero vieron que estaba muerta. El marido contó a todos, a los que había delante, el caso según ella se lo había contado. Acordaron enterrarlos juntos en una sepultura.

Juan en la historia quedó conocido como Diego.