lunes, 1 de octubre de 2012

MUSEO DE CIENCIAS NATURALES




En este Museo se pueden contemplar importantes materiales científicos, colecciones paleontológicas, malacológicas y de Historia de la Ciencia.
La exposición se completa con diversos audiovisuales de contenido científico muy amenos y de gran calidad pedagógica. Concebido como un museo altamente didáctico, ofrece también interesantes módulos interactivos, organiza exposiciones temporales, así como ciclos de conferencias en los que se combina rigor y amenidad.



El origen del Museo de Ciencias Naturales de Valencia se remonta a finales del  Siglo XIX, cuando José Rodrigo Botet donó a la ciudad de la más importante colección paleontológica del Cuaternario de América presente en Europa, de una extraordinaria calidad científica y museística.  Después de llegar la colección a Valencia, sufrió varios traslados, se mostró al público por primera vez en 1902, con motivo del IV Centenario de la Universidad y se acabó por instalar “provisionalmente” en el edificio del Almudín, donde en 1907 se abrió en este edificio el primer Museo Paleontológico de Europa que, a pesar de la provisionalidad de la instalación, albergó la colección durante más de 80 años.
Este Museo, sufrió diversos avatares y tres traslados, (desde el Almudín, se trasladó en 1990 a la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento, donde permaneció por espacio de 9 años) hasta convertirse en un museo moderno, vuelto a inaugurar en la nueva sede de los Jardines del Real en 1999 con una notable ampliación de sus fondos y la incorporación de nuevas colecciones paleontológicas de ámbito europeo. El Museo y sus colecciones fueron reconocidos por la Consellería de Cultura en el año 1994. Desde esa fecha, forma parte de la red estatal de Museos.




El Museo de Ciencias Naturales, de titularidad municipal, se encuentra ubicado en el antiguo restaurante de Viveros, en los Jardines del Real, Viveros, obra racionalista del arquitecto Luis Gay, restaurado y adaptado como centro para la conservación, estudio y difusión del rico patrimonio científico y natural de Valencia.
Este trabajo ha sido autorizado por el Ayuntamiento de Valencia por decreto de la Concejal Delegada de Cultura, Doña María José Alcón Miquel.
La autorización concedida para este día, por Don Miguel Ángel Catalá.




jueves, 13 de septiembre de 2012

VIANA DO CASTELO



Puede que lo que más recordéis de Viana, sea las vistas desde el Monte de Santa Lucía. Así como lo que os he contado sobre las fiestas de Nuestra Señora de la Agonía, una de las romerías más bellas y famosas de Portugal. Una explosión de color y alegría que nadie debe perderse. Lo malo es que son en agosto y nosotros estuvimos en junio.



Fue fundada en el s. XIII por Afonso III.
El mar siempre ha sido su razón de ser: llegó a tener 70 navíos de mercancías y, en la época de los Descubrimientos (s. XV y XVI), de los astilleros de Viana partieron las naves, las carabelas, hacia las rutas de las Indias y de las Américas, que regresaban cargadas de azúcar, palo de brasil, marfil y otros objetos preciosos exóticos.





A mediados del s. XX se construyó una flota bacaladera en los astilleros de Viana do Castelo para la pesca del bacalao en los mares del norte. Un vianense, João Álvares Fagundes, fue el pionero en la navegación en Terranova, en el Atlántico norte. Sin saberlo, abrió el camino al culto de las diversas formas de comer bacalao en Portugal.




Hasta el s. XVI, el burgo fue exclusivo del pueblo, sin que pudiera instalarse aquí la nobleza.



Cuando, por fin, les abrieron las puertas, Viana se enriqueció con palacios blasonados, iglesias y conventos, fuentes y fontanales que constituyen una herencia patrimonial notable, digna de visita.
En 1848 la reina D.ª María II elevó Viana a ciudad con el nuevo nombre de Viana do Castelo.



Ciudad bonita, extrovertida y alegre, Viana do Castelo ha sabido conservar la riqueza de sus tradiciones de raíz popular.


El puente que une las márgenes del Limia es obra de Gustave Eiffel: el tablero superior rodoviario y el inferior ferroviario.



domingo, 26 de agosto de 2012

BARCELOS


Cruzamos el antiguo puente sobre el Río Cávado para penetrar en una de las ciudades más emblemáticas del arte popular "minhoto".


Es una antigua ciudad, situada en un emplazamiento con restos arqueológicos destacables, desde la Prehistoria pero, fue en el s. XII, cuando comenzó su historia, primero al serle concedido fuero por D. Afonso Henriques que la convirtió en villa y, después, cuando D. Dinis, en 1298, quiso gratificar a su mayordomo-mayor João Afonso y lo convirtió en conde, donándole la población en título. 




En 1385, el Condestable Nuno Álvares Pereira se convirtió en el 7º Conde de Barcelos. Entregaría Barcelos como dote en la boda de su hija Dª. Beatriz con D. Afonso, bastardo del rey D. João I. Entonces comenzó una época de gran desarrollo y dinamismo para Barcelos.



En el paseo por Barcelos acabamos en el tradicional Largo da Feira. También conocido como Campo da República, donde se encuentran las Iglesias del s. XVIII del Bom Jesús da Cruz, y de Nuestra Señora del Terço y donde todos los jueves, Quintas-feiras, se realiza la mayor feria de artesanía del País. 



De todas las piezas allí expuestas destaca el vistoso Galo de Barcelos, es el más representativo, sin olvidar las bandas de música y las figuras que representan hábitos y costumbres de la región. 



El mercadillo estaba llegando a su fin, todo el mundo recogiendo y el clima nada apacible.
Pero dio para comprar...
Aún nos quedaba Viana.


viernes, 10 de agosto de 2012

BRAGA



Nos fuimos de Guimarães para Braga, pero como la hora apretaba y los estómagos reclamaban, iniciamos la visita por el Sameiro, para degustar, allí mismo, un buen bacalao con natas, especialidad de la casa.



Ya con energías renovadas, empezamos por admirar aquella bella explanada con las vistas de Braga, y el Santuario del Sameiro.


Bajamos al Buen Jesús, que maravilla de paisajes y que jardines tan bien cuidados. Unos optaron por bajar andando, otros en el funicular y el resto en el autobús. La ciudad de Braga nos esperaba. 








Como un ciudadano del Renacimiento, entramos en Braga por el Arco de la Puerta Nueva, donde se hacía la entrega de las llaves de la ciudad.
Esta llave simbólica nos ha abierto las puertas de una ciudad milenaria, que guarda en sus monumentos el brillo del poder que ostentaban sus obispos.



Todavía en tiempos romanos el emperador Caracala elevó Bracara Augusta a capital de la provincia de Galécia, hoy Galicia.


Al dominio de Roma le sucedió la ocupación por Suevos, Visigodos y Musulmanes, hasta su reconquista para la cristiandad en el siglo XI. 
Su Catedral, la más antigua del país, fue la mayor referencia religiosa de Portugal. El dicho popular "eres más viejo que la Catedral de Braga" se refiere a algo con muchos años y es ilustrativo de su antigüedad. Su poder eclesiástico, tantas veces asociado en tiempos medievales al poder de la espada, se extendió por los reinos de España y Portugal. Bajo la influencia de la Catedral, Braga se fue enriqueciendo con monumentos.



En el siglo XVI el arzobispo D. Diogo de Sousa, deslumbrado con la Roma del Papa Julio II, le dio el brillo y la gracia decorativa del Renacimiento.


Más tarde, la exuberancia del arte barroco se añadiría a otros edificios de gran magnificencia. De todas estas épocas, la ciudad guarda recuerdos inesperados, grandes y pequeños, como una torre medieval en plena calle, ventanas y celosías que encubrían rostros de mujeres o un palacio "rocaille" que recuerda a una cómoda estilo Luis XV.


Ya en tiempos más recientes, la fundación de la Universidad y la calidad de su arquitectura contemporánea dieron un impulso de juventud que la llenó de luz, color y de una imprevista modernidad.


Esta es la bella imagen que nos ha quedado de esta gran y bella ciudad "Minhota"